Bogotá 23 de Diciembre de 2024
Carlos Uzcátegui Briceño
Nuestra familia es numerosa, parrandera y afectuosa. Los años 70 fueron de significación especial para todos. La familia que nacía sería muy grande y muy especial.
Ya la televisión había llegado a Mérida, Venezuela estaba entrando en su época dorada, las navidades tenían un significado lleno de aromas y abrazos, los cuales tallaron indeleblemente nuestra memoria .
Dos avenidas de la ciudad paraban su tráfico nocturno, esperando el ruido de las carruchas antes de la misa de aguinaldo en las madrugadas del 16 al 24 de cada diciembre.
Felipita Contreras, colocaba aviones y jeeps en su pesebre florecido con albricias, habitado por ovejas de anime y algodón.
Las fiestas de 24 y 31 se alternaban año a año, entre las casas de la familia, generalmente se hacían en las casas de “las arriba”. Las fiestas eran de contribución: los de Mery llevan la ensalada, los de Braulia el pan de jamón y el hielo, Celina lleva los buñuelos beleneros, Lilia y Focho les tocaba el pan de banquete y así se repartía la logística de aquellas fiestas de nochebuena, inolvidables.
Cada familia llevaba el ron o el whisky según su gusto y todos aportaban las hallacas de su casa en la cantidad que correspondiera. La familia anfitriona ponía amor y empeño en hacer lo mejor para lucir su navidad y su magia para contagiar la alegría a todos.
Los invitados llegábamos a la cita con nuestra mejor gala, hombres de traje y corbata, las mujeres con sus estrenos para esa noche, era una fiesta especial. Los menores con el estreno que correspondía a la importante reunión.
Era todo un ritual, el saludo , los besos, la pregunta obligada de los tíos ¿Que le pidió al Niño Jesús?
La emoción era incontenible, el grito de guerra marcaba el inicio de la celebración marcó toda una época. La encargada de hacerlo era mi tía Lilia quien a la mitad del primer ron gritaba “Masini múuusica...” y al instante empezaba a sonar lo mejor de Billo´s y de los Melódicos. Otra navidad imborrable nacía para nuestros recuerdos.
Empezaba la fiesta, todos los tíos bailaban, hacían trencitos y nosotros los primos mas pequeños corríamos por la casa , encendiamos luces de bengala en la calle. Mi tío Luzardo ocasionalmente traía algunas innovaciones pirotecnicas y estaba vigilante de su prudente uso por parte nuestra.
Las fiestas se hacían interminables para nosotros los más pequeños, a partir de las 12 de la noche empezábamos a preguntar ¿Ya llegó el Niño Jesús? La respuesta invariablemente era la misma: ya viene bajando y a su casa no ha llegado todavía.
Mis tíos eran magos, sabios y omnipresentes .Como admiraba a mis tíos. De todos tengo un recuerdo especial. Mis tíos “políticos” eran de nuestra misma sangre, nunca los supe diferenciar en el afecto, les pedía la bendición al igual que a mis tías.
Los primos Sandia siempre fueron alegres y creativos. Un año la fiesta del 24 fué en casa de Martica, en la Santa María. Recuerdo esa casa de techo inclinado, tipo chalet, haciendo el garaje donde habitaba el viejo Polara azul, tengo muchos y gratos recuerdos de vividos en esa casa.
Ese 24 de diciembre del 71, por primera vez había una "innovación" : esa noche además del Niño Jesús llegaría San Nicolás (Santa como se conoce ahora) La expectativa no podía ser más grande. Aunque yo estaba en esa edad donde no era 100% compatible con los niños, tampoco lo era con la generación de adolescentes de la familia. La llegada de Santa me emocionaba, sobre todo después de que Martica leyó en voz alta la lista “filtrada” de los beneficiarios del milagro de Santa en esa navidad. Yo estaba en esa lista. Todos estábamos emocionados.
Santa llegó con su usual “Jo-jo, feliz navidad” y empezó a llamarnos y repartir presentes. Abrazaba a todos los niños que esperábamos ansiosos su regalo.
En medio de la agitada tarea, “Santa” se dirigió a uno de mis tíos y le dijo con voz de mando, conteniendo una seria carcajada, indicó: Santa tiene sed ¿No hay un whiskicito para Santa? Petición que fue atendida en el acto. Esto causó en mí - ya no tan niño- sombra de dudas sobre la identidad del dichoso Santa.
Cuando terminó la entrega de regalos , Santa se dirigió al estudio de la casa de Martica, discretamente lo seguí. Maicha removía sus barbas de algodón y cuando fuí sorprendido por el personaje en el momento que lo espiaba, sonrió y solo atinó a decirme al ver su vaso sin hielo: papito dígale a uno de sus tíos que me ponga un hielito y me arregle esto. Ese día entendí que estaba dejando de ser niño.
Santa esa Navidad fue mi querido primo Gilberto Sandia, quien como muchos otros asistentes de aquellas fiestas, estará esperando en algún rincón del cielo el momento para que todos juntos volvamos a celebrar el amor y la paz como en aquellos años.
Mis recuerdos de esos tiempos son preciosos, hoy los traigo a mi memoría a todo color, los vivo con la misma intensidad. Obviamente, la nostalgia natural que el tiempo y el espacio han sembrado en la vida de todos, los hacen más emotivos.
Deseo que tengas la mejor Navidad de tu vida, llena de esperanza, porque las promesas que nacieron en nuestro corazón van a ser la realidad que nos volverá a reunir, allá donde el Niño Jesús tenga a bien celebrar la vida de todos juntos.
¡Feliz Navidad!
San José y la Virgen la mula y el buey
fueron los que vieron al niño nacer.
Celebremos juntos este hermoso día:
llega la alegría de la Navidad.
Letra de La Jornada ( Din-din es hora de partir )
Comentarios
Publicar un comentario