Nuestro Nuevo Cinema Paradiso

 


Eres joven, el mundo es tuyo, yo ya soy viejo, no quiero oírte más, sólo quiero oír hablar de ti.

Alfredo en Cinema Paradiso

Una de las películas que marcó mi vida fue esta producción italiana de 1988, quizás en ese año mis sentimientos estaban más a flor de piel de lo normal, este año papá había tomado la senda del cielo, pero la película causa la misma emoción cada vez que la veo. 


En los últimos días he tenido encuentros con amigos del grupo del colegio, concertados gracias a la iniciativa y al amor por todos de Yajaira Liendo (se sabe la lista del salón) , la omnipresencia de Eric Ardila o a la voluntad de Frinee Guillén para venir a Bogotá.


Los he podido disfrutar por vivir en este punto estratégico, nuevo puerto casi obligatorio, para llegar a Mérida.


También esta semana pude ver el reencuentro en imágenes, en casa de Albaro Barrera, infalible reparador de huesos rotos (amigo a tener en cuenta en los tiempos por venir), me causó una gran alegría ver a mis compañeros de colegio allí reunidos.


Mientras disfrutaba esa energía, me vino la imagen de Toto (protagonista de Cinema Paradiso) recopilando trozos películas, como las que cada uno de nosotros tiene grabada en su mente y que refresca, en su quehacer diario, en ese minuto que se conecta con la emoción del recuerdo que guardamos de aquellos años cuando nació el color en nuestra memoria.


Una tarde, en el grupo de WA, vimos cómo ninguno de nuestros amigos pasó desapercibido en el recuerdo. Esa semana realizamos un ejercicio extraordinario, a la distancia del tiempo y del espacio, para recordar a quienes se fueron para siempre, a quienes partieron a algún extraño lugar, sin que sepamos dónde están.


Cada uno de ellos dejó su impronta imborrable, desde antes de aquellos años de la Fiebre del Sábado.


Esos retazos de película incluyen la escapada a la tienda de Pompilio, a comprar cinco cigarrillos Belmont o Astor Rojo con su inseparable caja de chicles Adams sabor a menta, para tapar el aroma a nicotina en la boca y que aquella camisa beige, del uniforme del colegio, manufactura de suéteres Anzil, guardaría con gran fidelidad y profundo celo hasta la llegada a la casa.


Vimos las fotos en blanco y negro guardadas por Obdulio Torres, las imágenes retocadas por Luis Enrique Jiménez, que sumido en su interminable y consumada febrilidad por Chat GPT, trata de resucitar a color las memorias en sepia y azul de nuestra inolvidable aventura de la época, cuando apenas comenzaba el divino viaje.


Más claro aún, veo el recorte de la película de la tarde en la que aturdidos por el ruido del Allison de Avensa del vuelo de las dos de la tarde, estalló el angustioso grito de horror de Frinee por el ratón de laboratorio que Eric había colocado en su bolso blanco, inmenso.


Como olvidar la mañana de la rifa del equipo de sonido Riviera en quinto año, hicimos la prueba del sorteo en el salón, en las dos ocasiones salió la boleta de Mario Molinari y en pleno lunes cívico, la mano inocente volvió a jugar a favor de Mario. Nos dijeron que estaba amañado el sorteo...había una baranda de por medio.


Sería interminable contar tantos relatos y anécdotas , lo seguro es que en ese tonel de retazos están todas las memorias.


Recuerdo la camionetica azul del señor Pellegrini, el italiano que manejaba la cantina del colegio, llegando antes del recreo de las diez cargado de sándwiches, Pepitos, Boleros y Ping Pong.


Hoy, casi cincuenta años después, nos parece mentira la historia que estamos contando, al recordar a los que ya no están, sentimos nostalgia de pensar que ellos también merecían vivir para contarla.


Parece mentira lo que hemos sido capaces de sobrevivir, de sobrellevar, hemos reído, amado, llorado, ganado , perdido, en fin hemos sabido vivir o por lo menos aprendido.


¡Sobrevivimos la pandemia!


Me impresiona sentir las estoicas y valientes historias de algunas. Tenemos heroínas entre nosotros y estoy seguro que hay muchos héroes también. 


La historia nos ha permitido estar ad portas de los 70 años, sin garantía absoluta de nada posterior, pues esa es la ley del juego.


Han sido muchas las millas recorridas, muchos los barrancos, derrumbes y fallas de borde por la que hemos pasado y nadie garantiza que no vuelvan, vestidos con otros trajes, nuevos retos que aún desconocemos, pero dejemos eso en manos del Todopoderoso.


Por ahora lo más bello es seguir buscando en el tonel de los retazos de las películas del Cinema Paradiso, los mejores recuerdos de los presentes en cuerpo y de los vivos en nuestra memoria, para seguir amando este trozo maravilloso de vida.


Este pedazo de tiempo que nació aguas abajo del Chamarú, será nuestra eterna ofrenda a la montaña, que a veces verde o a veces sepia, sabe hacer renacer nuestra historia, cada vez que miramos la tarde caer en cualquier parte del mundo.



En homenaje a todos los que solo viven en esos retazos.



Amigos por siempre



"En todo tiempo ama el amigo, y el hermano nace para tiempo de angustia" (Proverbios 17:17)





P.D. Cinema Paradiso está disponible en YouTube

https://www.youtube.com/watch?v=IzGFHZR1YWk


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