Carta a Dios en Primavera

 


Querido Dios:
Sé que todo lo sabes y todo lo puedes, pero mi defecto de contar cuentos me impide reprimir, a pesar de mi fe, el inmenso deseo de escribir esta carta. Tómalo como un chisme; una debilidad que confieso y que Tú ya conoces de mí.

Carlos Uzcátegui B
Bogotá 25 de Abril de 2026


Ante todo, quiero pedirte perdón por el maltrato que recibiste en tu última visita a este mundo.

Comprendo, con justa razón, que no te hayan quedado muchas ganas de regresar. Debe haber otros planetas en algún universo paralelo donde, seguro, después de la Última Cena te ayudaron a regresar a tu casa, sano y salvo.


De nosotros te cuento que las cosas se han salido un poco de control respecto a lo que, según recuerdo tus indicaciones, era el orden establecido.


Ahora los Adanes quieren ser Evas y viceversa. Ni hablar de los potenciales descendientes de Caín o Abel: en realidad, parece que ahora todos prefieren a los gatos o a los perros en lugar de procrearse y multiplicarse. 


Nota: Los chinos siguen multiplicándose, pero ellos creen equivocadamente que son de otra familia.


Imagínate, por estos días, los hijos de Abraham siguen con su ancestral pleito de hermanos . Pero ahora parece que la lucha entre ellos es de verdad a muerte, quieren acabar con todos y tenemos miedo de que eso llegue a pasar; por eso quiero que vengas a ayudarnos con todo esto.


Aquí recordamos tu último viaje. Tenemos cuadros con imágenes de burritos y camellos, así era como se viajaba por esos días. ¡Qué tiempos aquellos! Te comento: ahora hay unas máquinas que vuelan como aves y caballos de hierro que se llaman Tesla; parecen camellos inteligentes que le preguntan a uno a dónde quiere ir y lo llevan.

Las cosas han cambiado tanto,  ahora resulta que la gente asegura que “el maná” engorda, y hay quienes, más temerarios, aseguran que no es deslactosado y que es alérgico. Que tiene demasiados carbohidratos, desagradecidos.

El mundo ha cambiado tanto que ahora se puede ir de El Cairo a Jerusalén en una hora y poquito de tiempo de vuelo, nada que ver con aquellos cuarenta años. Esto hace que la gente no aprecie aquel gran milagro hidráulico, el de separar las aguas del mar. Como siempre, la gente sigue disfrutando hablar mal del gobierno, no importa la época.


¿Te acuerdas de Moisés cuando subió a buscar la constitución —perdón, las tablas de la ley— en el Sinaí? Abajo todos estaban en un relajo,  adoraban becerros de oro. Pues ahora la gente inventó una vaina que se llama WhatsApp, y con un solo mensaje de difusión se hubiera informado a todo aquel gentío y así no hubieran derrochado el oro en becerros, tan importante para comprar semillas en la Tierra Prometida.


Menos mal no has venido —reconsidero a veces— me daría mucha pena contigo cuando vieras que la gente ahora piensa que Adán no tenía necesidad de perder la costilla para lograr su pareja necesaria, pues en estos tiempos las mujeres, y algunos que se niegan a ser hombres, creen que se pueden injertar una costilla de silicona y convertirse en lo contrario. 


Lo peor es que eso no se puede criticar en público, porque uno puede recibir más piedras que las que le iban a tirar a la Magdalena.


No ha sido fácil y entiendo por qué no te quedaron ganas de regresar pronto. A veces me imagino, que en algún otro universo paralelo, donde te ayudaron a salir de este zaperoco de mundo, sin necesidad de crucificarte, vuelves cada año “en vivo”, tomas vino con tus elegidos, y el orden y la paz reinan allí.


Esto se volvió un relajo difícil de descifrar. Lo mejor es recordar que nada de este enloquecido desastre merma mi creencia , cuando lo consideres justo, vendrás a tomar una nueva cena sin traidores, con los afortunados creyentes que comprendan que tu intención hizo posible lo que hoy somos y lo agradeceremos por siempre.


Nos veremos según tu promesa!





Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, Aquel que Es, que era y que ha de venir, el Todopoderoso.

Apocalipsis 1, 8


Comentarios