43 años de amor



Carlos Uzcátegui Briceño

Bogota 24 de Noviembre de 2024


Todos tenemos un tiempo para hacer nuestra gesta de amor, nuestra batalla llega con los días medidos por el contador que inició Dios cuando permitió la explosión generadora del tiempo. El Ávila hoy fue testigo del relato de una historia de 43 años de amor.


Y llega el momento en el que no amanece la rutina, ves el corazón volar con la fuerza de todos los vientos. En ese vuelo inesperado consigues el atajo que sabías que existía y no querías encontrar. 


Es la hora de abandonar los sueños, el cronómetro marcó un imprevisto, súbito, "injusto" si se quiere, un stop indeseado, para quienes no entendemos aún la velocidad de la luz del cielo.


En el vuelo te preguntas porque no existió la posibilidad del adiós y del abrazo, entonces lees la letra chiquita del contrato, esa era una de las condiciones aceptadas antes de llegar a vivir en este feliz y extraño mundo donde naciste. 


Y te vas acordando de la gente y de las cosas que amaste, los hijos, el amor de la vida, los juguetes de la infancia, la música, los abuelos, los hermanos, los éxitos, todo se desvaneció en un suspiro. 


El día menos pensado llegó sin avisar.


Reflexionas: apenas ayer sentías las risas de la gente que acompañó tu alma mientras estuviste en la tierra de tus afectos infinitos. Hoy se van desdibujando en la memoria, se escapan.


Fué que apenas tuviste tiempo en el vuelo a las estrellas de hacer un balance de tu gesta de amor, de las cosas buenas que hiciste por ti y por esos seres que amaste y que seguirás amando hasta el nuevo amanecer.


Ese balance fue grato para ti y para quien en medio del aturdido y rápido viaje escuchó con amor, la bondad que dejaste sembrada en el corazón de tantos. Ese era Jesús quien escuchaba tu historia.


Tuviste la oportunidad de hacernos revivir la conciencia de haber sido paridos por vientres que permiten nacer gente buena. En estos días nos recordaste de nuevo la fuerza de los lazos que somos como miembros de esta tribu grande. Estamos contigo y con los tuyos.


Dejaste una lección poco grata para dar, importante para recordar, aleccionadora para la conciencia de todos, el único requisito para usar esa visa es estar vivo.


Misión cumplida, fue el tiempo indicado y perfecto para ti. A los que quedan detrás de tu ausencia les va a ser muy difícil comprender todo esto que esa pasando.  


La vida continuará y el gran Creador será el proveedor de la fuerza y de todo lo que sus corazones necesitarán para seguir con sus vidas.


Al final de los días ellos entenderán que saliste a dar un paseo una mañana de noviembre cuándo fuiste llamado por Dios. Nada más.


La brevedad de nuestra presencia nos acerca más a ese momento de reencuentro con la esperanza.


Tienes mucha gente que te quiere y que va a estar pendiente de los tuyos. Todos van a estar bien.


Encontrarás miles de primos, muchos tíos y a tus abuelos  aplaudiendo tu llegada, pronto todos tendremos la sabiduría para comprender las “injusticias perfectas” que se le ocurren a Dios al amanecer.


Allá donde estás hoy , aterrizando a la eternidad que a todos espera, pide a la Señora del vestido azul radiante, por la paz y el consuelo de tus afectos más cercanos, entender este viaje que emprendiste tan repentinamente no es de fácil consuelo.


Nos veremos cuándo el Dios del Universo así lo decida.


Siempre que recuerde El Ávila pensaré en la imagen desde donde saliste.


Un abrazo eterno .


Descansa en paz Alonso.





Mi corazón es una estrella

Y soy hijo de la tierra

Viajo a bordo de mi espíritu

Y camino a la eternidad


(Canción Yage)




(Imagen tomada del FB de Alonso Viloria León QPD)

 

 


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