El amor del mango y el rosal





Carlos Uzcátegui

Bogotá 8 de septiembre de 2022


Llegué a La Manuelita a las 12 del día , la vi en la mitad de la laguna de las tilapias, con sombrero de cogollo , botas de caucho negras de caña alta, franela blanca y pantalón de kaki. Estaba con su compañera de cigarrillos y de aventuras, la inefable Negra Yelitza , amiga en las penas y en las risas , solidaria a plenitud y nobleza a prueba de sangre. Recogían ya las redes de la esperanza , llenas de pescados y faltas de clientes. 


Sudaba y sacaba fuerzas de las entrañas de la tierra para reír y para vivir. Esa tierra  le costó desencuentros y reencuentros. Bajo el sol húmedo y agrio que devora la brisa del lago creció un sueño, no sé si sería el de ella.

Allí estaba Maora, altiva, dramática, leal, valiente y dura. Dulce cuando quiere, áspera cuando le sale. Es uno de esos seres que son tantas cosas a la vez, pero en el momento que se impone su alma sobre su carácter, te devuelve la vida con una palabra o con una sonrisa. Y te entrega tal torrente de humanidad y nobleza, que es difícil creer que exista en un solo ser.

Maora es mi hermana , mi compañera de juegos por ausencia de coetáneos congéneres en la infancia. La mujer con la que peleaba de niño, fue mi chantajista de travesuras, mi apoyo, la mujer con la que he hablado más horas de todo y de nada, con la que he compartido vinos contando estrellas rosadas en noches sin luna. Hemos sido profetas de lo nefasto y lo divino. Fabricantes de hallacas de travesía.(*)

En la casa de la 4, jugábamos a la siembra,nuestra primera cosecha fué de “arroz”, unas hojitas blancas aterciopeladas que nacían debajo del naranjo, al frente a la pileta azul con cuadritos de loza de colores. 

La pileta tenía cuatro sapos morados uno en cada esquina, vigilantes de los sueños y fabricantes de los miedos de la infancia . En algún momento de su historia, los sapos  lanzaban agua por la boca, quizás se cansaron de advertir siempre lo mismo y no ser escuchados.

Corríamos por el jardín grande haciendo "mercado", con un vaso de Cheez Whiz, lo llenábamos de grama, áspera y cortante , de esas hojitas blancas y de pétalos de rosa .Del rosal de 12 palos, perenne,  más espinoso de lo normal y que creció plácido bajo sombra de la vieja mata de mango; tímida y estéril,  escondida tras la pared blanca encalada de la casa grande. Su único aporte al mundo fue la sombra que le brindaba al rosal de la casa. 

Entre el ventanal de la cocina y el cuarto de la música convivieron el árbol de mango y el rosal de mamá. 

Cuando alguien criticaba al árbol de mango por su esterilidad, la rosa noble y leal,  apuraba los botones de sus flores para justificar la vida del viejo y desinteresado árbol de mango. Creador de canciones y arrullo de sombras para el precioso rosal. Esa fue su misión.

Solo podíamos tomar  para los “mercados”, los pétalos de las rosas que no fueran candidatas a ser seleccionadas para venerar el Corazón de Jesús del comedor de la casa.

Vivíamos la edad del Arco Iris y del Prismacolor. No se necesitaba más para ser felices.

Maora cruzó ríos y puentes tejidos con tablas y cuerdas vencidas.Viví muy de cerca su peregrinar. 

También la he visto reír y volar a Capadocia buscando guardar recuerdos de colores.

Maora ha sido en su cultura:  la parchita, la yuca, las vacas, las búfalas , las lechozas, las tilapias y siempre la poesía ,la música, el libro y el arte. Todo lo que sintiera oportuno cultivar, para así rellenar con plumas de ganso las almohadas de Alejo y María. 

Maora sabe a piano y tiene aroma de música al despertar la noche.

No se quien será tu Sancho en este puente que cruzas, lo que sé es que los frutos empezaron a darse. La tierra emitió su juicio por haber sido tratada con amor en su piel y haber respetado sus tiempos . 

Por eso la tierra agradece lo noble que has sido con ella y en consecuencia el Dios de la tierra , del agua y de la vida recibe también en tu nombre esos frutos, mientras  el milagro de vivir,  que cosechas cada vez que respiras, sigue ocurriendo silente bajo el cuidado de Harry, el sembrador de canciones.



Para Maora y los afortunados que hoy la ven…


“Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.  El que tiene oídos para oír, oiga” (Mr 4, 1-9)


Carlos Uzcategui 

Bogotá 08-09-2022


(*) La hallaca es un plato típico venezolano que se consume principalmente en el mes de Diciembre. En mi casa había una extraña tradición que era hacer en agosto unas hallacas como antesala a las de diciembre. Papá las llamaba las hallacas de travesía.

Foto de Anna Romanova: https://www.pexels.com/es-es/foto/naturaleza-jardin-hojas-rosas-5460264/

Comentarios

  1. Maora se debe sentir honrada y feliz de saber que atesoraste en tus recuerdos, cosas tan sencillas pero tan representativas de esa edad maravillosa de la infancia, que fue vivida con la inocencia y felicidad propia de dos hermanos inseparables

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    1. Gracias por tu comentario. Se que has conocido y vivido ese sentimiento de familiaridad. Parte de esa vivencia tuya me ha inspirado. Gracias

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  2. Tengo , en estos momentos, cuando termino de leer tu escrito, sentimientos desbocados . Yo también conozco a esa mujer que con exactitud describes . A veces incomprensible pero el amor hace que todo sea comprendido. Yo también la vi con sombrero de cogollo y piel cetrina , ese color que la vida sabe untar ,junto a la Laguna de tilapias . También la vi volar a miles de pie de altura como una reina ataviada de sueños , de amores y dolores . Sigue su batalla de la cual saldrá triunfante y se echará a los hombros los frutos de su esfuerzo … y entonces, la veremos caminar con la altivez de las palmas que ningún viento puede doblegar . Es que ella es palma y bambú .

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